miércoles, 24 de septiembre de 2014

La ceremonia del té, no solo se ha convertido en una idealización de la forma de tomarlo, sino en una religión del arte de la vida.
Esta bebida se ha ido convirtiendo en una excusa para rendir culto a la pureza y al refinamiento, en una función sagrada en la que el anfitrión y el invitado se reúnen solo para producir la inmensa beatitud de lo mundano”.
Okakura Tenshim

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