“La
ceremonia del té, no solo se ha convertido en una idealización de
la forma de tomarlo, sino en una religión del arte de la vida.
Esta
bebida se ha ido convirtiendo en una excusa para rendir culto a la
pureza y al refinamiento, en una función sagrada en la que el
anfitrión y el invitado se reúnen solo para producir la inmensa
beatitud de lo mundano”.
Okakura
Tenshim

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