El
Wabi-Sabi es una intuitiva apreciación de la belleza evanescente del
mundo físico que refleja el irreversible fluir de la vida en el
mundo espiritual.
Es
una comprensión de la belleza, que reside en lo modesto, en lo
rústico y lo imperfecto, o incluso en lo decadente, una sensibilidad
estética que haya una melancólica belleza en la impermanencía de
todas las cosas.
Imaginemos
una calle con una hilera de árboles. Si cada árbol fuera de una
especie distinta, la sensación que la calle nos produciría sería
de desorden e inquietud, por más que cada árbol pueda ser bello
considerado aislademante.
En
cambio, la misma calle con todos los árboles iguales nos produce una
sensación muy distinta, de tranquilidad y armonía.
No
es cuestión de simetría, sino de la creación de orden, sencillez y
belleza a través de la elección de un único elemento y la
repetición de éste.
No
importa que la repetición sea de colores, texturas o formas; en
cualquiera de sus manifestaciones la repetición nos tranquiliza,
pues inspira un sentimiento de pertenencia y naturalidad.